La magia de los minerales

Todo vibra en una determinada frecuencia. Todo esta formado por átomos y solo tenemos que acercarnos a uno, de cualquier elemento, para comprobar que nada esta quieto.

Las frecuencias se armonizan unas con otras, atrayendo hacia si la que necesitan. Así funcionan los minerales, cada uno emite una determinada frecuencia y nos sentimos atraídos por ellos, en función de la que necesitamos para encontrar el equilibrio.

Lo que mantiene la conexión es nuestra conciencia, elegimos un mineral y somos conscientes de que nos acompaña para potenciar, desbloquear, fortalecer o sanar alguna de nuestras cualidades y virtudes personales, ya que ninguno puede otorgarnos algo que no sea nuestro ya de manera potencial. Son un apoyo energético hasta recuperar o fortalecer una cualidad positiva y personal.

Los minerales requieren unos mínimos cuidados para poder aprovechar todo su potencial y que no sean un mero adorno.

El primero es limpiarlos. Principalmente al adquirirlos y después con cierta regularidad. Lo que se ensucia es su campo energético (aura). La forma más sencilla de hacerlo es al grifo de agua corriente, durante unos instantes, con la conciencia de estar limpiándolos, o dándoles un baño de mar. Para los minerales que no se pueden mojar por estar insertados en objetos de artesanía, se pueden limpiar con Reiki (si eres practicante) o con un cuenco tibetano, como nos cuenta en su libro Nina LLinares.

El segundo es cargarlos o estimular su vibración. Se hace exponiéndolos 24 horas al exterior para que les de la luz del día y de la noche, preferiblemente en noches de luna llena. También con Reiki o con un cuenco tibetano.

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